Wednesday, April 26, 2006

DULCE ANN

Ya nos habíamos bebido varias cervezas, lo cual la hizo sincerarse conmigo y contarme lo que le pasaba , la razón de su alejamiento y las crisis de pánico, la miro mientras me relata lo ocurrido y en mi corazón algo se apretó , pucha no sé porque tiene que pasarlo tan mal , le dije que siempre estaría allí para ayudarla que contara conmigo para lo que fuera , que quizá no nos juntemos tan seguido pero no dejo de pensar en ella, que soy así, me gusta pasar tiempo sola, la acaricio, su cara y pelo, creo que siempre me a gustado y le pediría noviazgo pero no soy la chica que ella necesita, a veces pienso que no sirvo para novia, pero después lo pienso mejor, que para ese tipo de novia no, por lo de infiel y borracha, esa combinación me gusta, me gusta en mi y en otro u otra, seguimos conversando de otras cosas porque ella sólo quiere olvidar, nos reímos, pelamos y lo pasamos realmente bien, y me dan ganas de besarla, creo que ella también, nos miramos un rato, nos coqueteamos y unos chicos de otra mesa hacen un comentario respecto a ello y nos miran , pienso en pararme e increparle qué mierda le pasa, que se preocupe de otras cosas, que no estamos para cumplir su fantasía que se pudra pero no quiero tensar la situación así que pienso en perderme en sus labios y dejar de pensar en esos imbeciles, y nos besamos delante de un montón de personas, ya no importa, no pienso en nada solo en ella y su boca, la abrazo y acaricio su hermoso cabello, ahora con el pelo largo y ondulado se ve más linda, dejamos de besarnos y me aprieta la muñeca, con sus uñas largas y filosas, me gusta sentirlas hasta que un par de hilillos de sangre corren por mi muñeca , le digo que pare, que vayamos a un lugar más cómodo y si tiene algo para cortar, dice que sí, nos paramos y nos fuimos al baño, entramos a uno y nos besamos apasionadamente, nos desvestimos a medias y veo su cuerpo sus senos están un poco más grandes, sus caderas se ensancharon esta realmente hermosa, no la veía desnuda hace cerca de 4 y medio años y en ese tiempo el cuerpo cambia, éramos chicas, el cuerpo madura y es bello, la beso, acaricio y le digo que es hermosa, una y otra vez, la masturbo y ella a mi estamos en ello un buen rato hasta que nos calmamos y nos vamos ( en un baño público no se puede estar el tiempo que se quiere) salimos del bar y nos dirigimos a tomar nuestros respectivas locomociones, estoy feliz , charlamos, veo mi micro y le digo que me voy nos juntamos otro día y la beso no puedo evitarlo, y me voy con la calidez de sus labios en los míos, nunca te lo he dicho pero me produces cosas que no he sentido con otras personas, te quiero proteger, que nada malo te toque ,mi dulce ann

BOCACCIO

El DECAMERON
JORNADA IX
NARRACIÓN II

CIERTA ABADESA SE LEVANTA CON PRISAS Y A OSCURAS PARA SORPRENDER A UNA MONJA QUE ESTA CON SU AMANTE Y A LA QUE HAN DELATADO. Y COMO ELLA ESTABA CON UN CURA, IMAGINANDO PONERSE LAS TOCAS SE PONE LOS CALZONES DEL SACERDOTE. LA ACUSADA SE DA CUENTA, SE LO HACE NOTAR Y QUEDA A SUS ANCHAS CON EL AMANTE.

Había ya concluido Filomena. Siendo por todo alabado el buen sentido con el que la dama se libró de sus pretendientes, ya que por locura y no por amor se tenía la osadía d los dos enamorados, cuando la reina le dijo amablemente a Elissa:
- sigue tú.
Y esta comenzó prestamente:
Amadísimas amigas: donna Francesca supo zafarse con tacto, según se ha dicho, de aquella situación pero sé de cierta joven monja que, ayudadaza por la suerte, se libro de un inminente peligro hablando donosamente. Os consta que hay muchos que , aunque bastantes entupidos, se convierten en maestros y que escarnecen a los demás, pero ellos, como veréis en mi relato , a veces resultan merecidamente castigados: y esto fue lo que ocurrió ala abadesa bajo cuya obediencia estaba la monja de que hablé.
Hay en lombardia un famosos monasterio, lleno de santidad y de religión, en el que, entre las otras religiones, había una joven de sangre noble y dotada de maravillosa belleza. Esta, llamada Isabetta, cierto día en que fue a la reja a ver un pariente suyo, se enamoró de un joven que la acompañaba. Y él, al verla tan bella, sintió un vivo deseo y a la vez se enamoró de ella, aunque, con gran pena de ambos, durante mucho tiempo tuvieron que mantener aquel amor sin fruto ninguno. Deseándolo ambos, el joven encontró manera de visitar a su monja a escondidas y así lo hizo, no sólo una vez sino muchas, con gran placer de ambos. pero, siguiendo el idilio, cierta noche una de las mujeres de allá dentro les vio despedirse, sin que ninguno de los dos lo notara, y en seguida lo participo a unas cuantas. Y primero acordaron comunicárselo la abades, llamada Usimbalda, santa y buena mujer en opinión de las monjas y de cuantos la conocían; pero después, para que no hubiera lugar a negativas, consideraron mejor que la abadesa sorprendiera a Isabetta con el joven y, para poderles atrapar, callaron y sigilosamente se distribuyeron velas y guardias. Como Isabetta lo ignoraba, a la primera ocasión en que hizo venir al mancebo, las que vigilaban o averiguaron enseguida. Y, cuando les pareció tiempo, y habiendo corridota una buena parte de la noche, se dividieron en dos grupos y una parte monto guardia en la celda de Isabetta y la otra corrió a la cámara de la abadesa y, llamando a la puerta, le dijeron:
Levantaos pronto, madre, que sabemos que Isabetta tiene a un joven en su celda.
Aquella noche, la abadesa estaba acompañada de un cura al que muchas veces hacia llegar encerrado en un arca; y ella, temerosa de que las monjas, en su premura, apretasen tanto la puerta que la abriesen, se levanto media atolondrada y, como mejor supo, se vistió en la oscuridad y, creyendo ponerse las tocas que en la cabeza llevan las monjas, asió las bragas del sacerdote y, sin darse cuenta en su apresuramiento, se las puso en le lugar de aquéllas y, saliendo prestamente, cerró la puerta a sus espaldas.
- ¿donde esta esa maldita de Dios?- indagó.
Y con las demás, tan ahincadas en jugarle a Isabetta un mal tercio que no repararon en lo que la abadesa llevaba en la cabeza, llegó a la puerta de la joven y, con la ayuda de sus seguidoras, la derribo y entrando, descubrieron abrazados a los dos amantes, los cuales ante tan brisca irrupción, quedaron quedos, sin saber que hacer. En el acto, la joven fue apresadas por las demás monjas, por orden de la abadesa y la llevaron al capitulo. El joven quedóse allí, se vistió y espero a ver en que paraba la cosa, con intención de jugarle alguna mala pasada a la comunidad si querían causarle algún mal a su dama, decidido a llevársela consigo.
La abadesa , sentándose a capitulo en presencia de todas las monjas, que sólo a la culpable miraban, comenzó a decir a esta las mayores injurias que jamás se han dirigido a una mujer, reprochándole el macular con odiosas y vituperables obras la santidad, honestidad y buen nombre del monasterio,: y aún añadió a sus insultos algunas amenazas gravísimas. La joven, avergonzada tímida, como culpable que era, no acertaba a responder y con su silencio imponía compasión a las demás. Pero, como la abadesa siguiera con sus pláticas, la muchacha alzó al fin la cara, vio comprendiendo lo que era, dijo mucho más tranquila:
- madre así os ayude Dios; anudaros primero la cofia y luego decidme lo que os plazca.
La abadesa que no lo había entendido, respondió:
- ¿Que cofia mala mujer?¿ aun tienes cara para chancearte? ¿te parece que tus actos pueden acompañarse de burlas?
- Os ruego, señora, que os anudéis la cofia y después me digáis lo que os plazca- insistió la muchacha.
Con esto, muchas otras monjas alzaron el rostro hacia la abadesa y ésta, llevándose las manos a la cabeza, comprendió, lo mismo que las otras, lo que Isabetta decía. Y la abadesa, reconociendo su yerro y viéndose descubierta por tosa la comunidad, sin escape posible, mudó de sermón, y de modo muy distinto al de antes habló llegando a la conclusión de que era imposible defenderse, de los estímulos de la carne y, al fin, con discreción, como ella hasta entonces hiciera dio licencia a todas para que, como pudiesen, se divirtieran. Y, libertando ala joven, se fue con su cura a dormir e Isabetta con su amante, al cual, pese a las envidiosas, hizo venir muchas veces; y las que aún carecían de amante, al ser más sabias, sigilosamente se procuraron ventura.

MÚSICA DE LATAS

Te acompaño al baño?
Ya.
Estoy más borracha.
Yo igual.
Puta esta guea esta llena
Chuu la cara estoy lista par ir a buscar trabajo, jajaa.-Ahí salio la chica.
Ooh K. ¿cómo estas?
Más borracha y volá
No, si te veo, yo igual.
Y recuerdo…
Unos días atrás nos encontrábamos con mis amigas cerveciando y de la otra mesa saludo a K., después de un rato entramos al bar a hacer un pitillo de paragua ya que afuera corría demasiado viento, fumamos y compramos otra chela, después de un rato las chiquillas se van porque tienen que hacer y yo me quedo, llega y me mira. -¿Como estas?- Bien gracias ¿y tú?- Bien también, ¿te puedo hacer una pregunta? -¿Cuál?- Mi amiga me contó que te había visto besandote con una chica. -Si la ale, ¿por qué? -No sabia que te gustaban las chicas- Hace mucho tiempo, de chica, pensé que sabias.- No, no sabia.- Pues ahora lo sabes… debo confesarte que siempre te he encontrado guapa desde que te conocí. -Yo también…- Mira tú tanto tiempo y ahora saberlo- Sí.
Y nos quedamos ahí paradas sin decir nada esperando que Leslie saliera del baño y se fuera, hasta que se fue; me encontraba apoyada en la pared y K. se acerca y me besa – Eh mejor entremos al baño-digo- es más piola- Ya.
Entramos al baño la acorralo al lado de la pared y comenzamos a besarnos, levanto su polera y su sostén, acaricio esos bellos senos antes hinchados con leche y ahora un poco blandos, subo mi polera y froto mis senos con los de ella, es realmente apasionada y eso me gusta, acaricio su pelo mientras la beso, agarro su culo y lo masajeo no es grande pero esta delicioso, ahora ella me acorrala al otro lado del baño en la parte de lata la cual tiene una abolladura que suena cada vez que me apoyo con fuerza en él , Mmm sus besos son exquisitos, los gemidos de ambas se hacen más fuertes, me doy y vuelta y me agacho, bajo sus pantalones y miro sus bragas son bonitas acaricio su entre piernas delicadamente y ella acaricia mi cabeza, le bajo las bragas e introduzco un par de dedos en su suculenta hendidura, curvo mis dedos sus gemidos son excitantes me caliento más y contemplo esa bella visión de su pubis y mis dedos dentro de ella, el sonido de la lata es fuerte y constante, música para mis oídos acompañada de ambos gemidos, acaricio su clítoris y lo beso, esta hinchado y palpitante , me extravío un buen rato en ese placer, se abre la puerta me levanto y la cierro, la beso y ella se agacha y me baja los pantalones y las bragas me besa y masturba mmmm qué rico –pienso en fumar-, se para y frotamos nuestras entrepiernas con fuerza el ruido es aún más fuerte, de afuera escuchamos, eh Bárbara.
-Oh las chiquillas, parece que nos quedamos mucho rato, mmm ¿podríamos hacer esto en una cama, no? –Sí,- contesta- Ese día que te encontré durmiendo pensé en que podría haberte llevado para la casa pero con el C. no nos pegábamos una cacha hace mucho tiempo y ese día era, -Bue, para otro día, pero que no se te olvide-No, si no se me va a olvidar- . Nos besamos de nuevo y nos despedimos, salimos del baño y están mis amigas con cara de aburridas, ehh…- peínate estas toda chascona- dice Leslie mientras me pasa su mano por mi pelo, aún estoy media extraviada y no atino a decir nada, -Chi la ondita- comenta ale- eh pues sí. Toma tu mochila. ¿Ya nos vamos? Sí, y salimos del bar. Tomo la micro soñando con esa promesa de placer.

MARQUÉS DE SADE

HAY SITIO PARA LOS DOS
Una hermosísima burguesa de la calle Saint-Honoré, de unos veinte años de edad, rolliza, regordeta, con las carnes más frescas y apetecibles, de formas bien torneadas aunque algo abundantes y que unía a tantos atractivos presencia de ánimo, vitalidad y la más intensa afición a todos los placeres que le vedaban las rigurosas leyes del himeneo, se había decidido desde hacía un año aproximadamente a proporcionar dos ayudas a su marido que, viejo y feo, no sólo le asqueaba profundamente, sino que, para colmo, tan mal y tan rara vez cumplía con sus deberes que, tal vez, un poco mejor desempeñados hubieran podido calmar a la exigente Dolmène, que así se llamaba nuestra burguesa. Nada mejor organizado que las citas concertadas con estos dos amantes: a Des-Roues, joven militar, le tocaba de cuatro a cinco de la tarde, y de cinco y media a siete era el turno de Dolbreuse, joven comerciante con la más hermosa figura que se pudiera contemplar. Resultaba imposible fijar otras horas, eran las únicas en que la señora Dolmène estaba tranquila: por la mañana tenía que estar en la tienda, por la tarde a veces tenía que ir allí igualmente o bien su marido regresaba y había que hablar de sus negocios. Además, la señora Dolmène había confesado a una amiga que ella prefería que los momentos de placer se sucedieran así de seguidos: el fuego de la imaginación no se apagaba de esta forma -sostenida-, nada tan agradable como pasar de un placer a otro, no cabía el fastidio de tener que volver a empezar; pues la señora Dolmène era una criatura encantadora que calculaba al máximo todas las sensaciones del amor, muy pocas mujeres las analizaban como ella y gracias a su talento había comprendido que, bien mirado, dos amantes valían mucho más que uno solo; en cuanto a la reputación, daba casi lo mismo, el uno tapaba al otro, la gente podía equivocarse, podía tratarse siempre del mismo que iba y venía varias veces al día, y en lo que atañe al placer, ¡qué diferencia!
La señora Dolmène tenía un miedo cerval a los embarazos y convencida de que su marido no cometería nunca con ella la locura de estropearle el tipo, había asimismo calculado que con dos amantes existía mucho menos peligro de lo que tanto temía que con uno solo, pues-decía ella como bastante buena anatomista- los dos frutos se destruyen entre sí.
Cierto día, el orden establecido en las citas se alteró y nuestros dos amantes, que no se habían visto nunca, se hicieron amigos de una manera bastante divertida, como vamos a ver. Des-Roues era el primero, pero había llegado demasiado tarde y, como si fuese cosa del diablo, Dolbreuse, que era el segundo, llegó un poco antes.
El lector inteligente se dará cuenta en seguida de que la combinación de estos dos pequeños errores debía abocarles a un encuentro inevitable; se produjo, por supuesto. Pero mostremos cómo sucedió y si es posible aprendamos de ello con todo el recato y el comedimiento que exige semejante materia, ya de por sí de lo más licenciosa.
A instancias de un capricho bastante singular -y los hombres son propenso s a tantos- nuestro joven militar, cansado del papel de amante, quiso interpretar por un momento el de amada; en lugar de tenderse amorosamente abrazado por los brazos de su divinidad, prefirió abrazarla a su vez; en una palabra, lo que suele quedar debajo, él lo puso encima, y tras este intercambio de papeles quien se inclinaba sobre el altar en el que habitualmente tenía lugar el sacrificio era la señora Dolmène, que desnuda como la Venus calipigia y tendida como estaba sobre su amante, enseñaba, en línea recta con la puerta de la habitación en la que se celebraba el misterio, eso que los griegos adoraban con tanta devoción en la estatua que acabamos de citar, esa región tan hermosa, en una palabra, que, sin que tengamos que irnos demasiado lejos para poner un ejemplo, cuenta en París con tantos adoradores. Tal era su postura cuando Dolbreuse, que tenía la costumbre de entrar sin más preámbulos, abre la puerta tarareando una cancioncilla y por panorama se le presenta aquello que, según se dice, una mujer verdaderamente honesta no debe nunca mostrar.
Lo que habría colmado de júbilo a tantísima gente, hace retroceder a Dolbreuse.
- ¡Qué veo! -exclamó-. ¡Traidora...! ¿Esto es, pues, lo que me reservas?
La señora Dolméne, que en ese preciso instante se encontraba en una de esas crisis en las que la mujer actúa mejor de lo razona, se apresura a contestar a semejante pretensión:
-Pero, ¿qué diablos te pasa? -pregunta al segundo adonis sin dejar de entregarse al primero-. No veo por qué ha de decepcionarte nada de esto; no nos molestes, amigo mío, y acomódate aquí, que puedes; como bien puedes ver hay sitio para los dos.
Dolbreuse, que no puede contener su risa ante la sangre fría de su amante, comprendió que lo mejor era seguir su consejo,no se hizo se rogar y parece ser que los tres ganaron con ello.

ISMAEL ENRIQUE ARCINEGAS

DELIRIUM TREMENS
Llegaron mis amigos de colegio Y absortos vieron mi cadáver frío; «¡Pobre!» exclamaron, y salieron todos... Ninguno de ellos un adiós me dijo.
Todos me abandonaron. En silencio Fui conducido al último recinto; Ninguno dio un suspiro al que partía, Ninguno al cementerio fue conmigo.
¡Cerró el sepulturero mi sepulcro... Me quejé, tuve miedo y sentí frío, Y gritar quise en mi cruel angustia, Pero en los labios espiró mi grito!
El aire me faltaba, y luché en vano Por destrozar mi féretro sombrío. Y en tanto.., los gusanos devoraban, Cual suntuoso festín, mis miembros rígidos.
¡Oh mi amor! dije al fin, ¿y me abandonas? Pero al llegar su voz a mis oídos Sentí latir el corazón de nuevo, Y volví al triste mundo de los vivos.
Me alcé y abrí los ojos. ¡Cómo hervían Las copas de licor sobre los libros! El cuarto daba vueltas, y dichosos Bebían y cantaban mis amigos.

BAJO EL MONTE

Aubrey Beardsley

Capitulo VIII

Del éxtasis de Adolfo
Y de las notables manifestaciones
Que se sucedieron

Muy satisfecho por su especto, el caballero fue a dar los buenos días a Venus. Halló a la Diosa vestida con una túnica de muselina, paseándose por la gramilla y recogiendo flores para adorno de la mesa de desayuno. La besó levemente en el cuello.
-Voy a alimentar a Adolfo- dijo ella, señalando la bolsita de bollos que llevaba colgada del brazo. Adolfo era el unicornio.-Es un amor- prosiguió -: blanco como la leche, salvo la boca, la nariz y el órgano. Por aquí-. El unicornio vivía en su propio palacio, hecho de follaje verde y barrotes dorados, hogar adecuado para una bestia tan rara. Era algo notable observar a la blanca criatura paseando por su jaula, fiero y hermoso, sin otra pareja que la Reina misma. Al acercarse Venus y Tannhäuser, Adolfo comenzó a saltar y corvetear, pateando el césped con sus cascos de marfil e hinchando la cola como un gonfalón. Venus levantó la traba y entró a la jaula.
- No debes entrar conmigo, Adolfo es muy celoso- dijo al caballero, que la seguía.- pero quédate a mirarnos; le gusta el público-. Con sus dedos finísimos deslió los bollos de especias y dio de comer al ardiente animal. Esparcidas las últimas migas, Venus se frotó las manos y fingió que se iba ignorando a Adolfo. Cada mañana repetía ese juego, y el unicornio enamorado sufría la tortura de creer que ese día sería el último del amor de Venus. Pero pasado un momento, la reina volvía corriendo a él consolándolo adorablemente por su anterior crueldad.
¡Pobre Adolfo! Era feliz cuando Venus la permitía acariciar sus senos con la punta de su ágil lengua. Sin duda, al agudo olfato de los animales debe atraerlos hacía las mujeres más que a nosotros el deleitoso aroma, que apenas llena la nariz de un hombre, debe revelarse al bruto en toda su divina plenitud. Adolfo olisqueó a Venus como nunca lo había hecho un ser humano. Terminadas las primeras muestras de mutuo afecto, el unicornio se recostó en la gramilla y, cerrados los ojos, empezó a batirse en el vientre con el blasón de virilidad.
Venus cogió entre sus manos el ariete e inclinó sobre él una mejilla; pocas caricias hicieron hicieron falta para consumar el placer de la bestia. La reina desnudó el brazo izquierdo hasta el codo y con la suave superficie interior realizó sorprendentes movimientos horizontales sobre el tenso instrumento. Cuando comenzó a fluir la melodía, el unicornio ensayó un asombroso acompañamiento vocal. A Tannhäuser lo divirtió enterarse que, según las normas de la etiqueta venusina, todas tenían que esperar la irrupción de tales sonidos antes de sentarse a desayunar.
Esa mañana Adolfo fue profuso.
Venus se hincó en el césped y paladeó su aperitivo.

EL ORIGEN DESTRUCTIVO DEL CAPITAL

ROBERT KURZExisten innumerables versiones del nacimiento de la era moderna. Ni siquiera en cuanto a la fecha los historiadores se ponen de acuerdo. Unos hacen que la modernidad dé comienzo en los siglos XV y XVI, con el llamado Renacimiento (un concepto que sólo fue inventado en el siglo XIX por Jules Michelet, como ha demostrado el historiador francés Lucien Lefevre). Otros ven la verdadera ruptura, el despegue de la modernidad en el siglo XVIII, cuando la filosofía de la Ilustración, la Revolución Francesa y los comienzos de la industrialización sacudieron el planeta. Pero cualquiera que sea la fecha preferida por los historiadores y los filósofos modernos para el nacimiento de su propio mundo, en una cosa concuerdan: casi siempre las conquistas positivas son tomadas como los impulsos originales,Se consideran como razones prominentes para el ascenso de la modernidad tanto las innovaciones artísticas y científicas de¡ Renacimiento italiano como los grandes viajes de descubrimiento a partir de Colón, la idea protestante y calvinista de la responsabilidad específica de¡ individuo, la liberación ilustrada de las creencias irracionales y el surgimiento de la democracia moderna en Francia y Estados Unidos. En el ámbito técnico‑industrial, también se recuerda la invención de la máquina de vapor y del telar mecánico como «tiro de largada» del desarrollo social moderno.Esta última explicación fue subrayada sobre todo por el marxismo, por el hecho de que está en armonía con la doctrina filosófica del «materialismo histórico». El verdadero motor de la historia, afirma esta doctrina, es el desarrollo de las «fuerzas productivas» materiales, que repetidamente entran en conflicto con las «relaciones de producción» tomadas demasiado estrechas y obligan a una nueva forma de sociedad. Por eso, el salto hacia la industrialización es el punto decisivo para el marxismo: la máquina de vapor, así dice la fórmula simplificada, habría sido la primera en romper las «corrientes de las antiguas relaciones feudales de producción». Aquí salta a la vista una contradicción clamorosa en el argumento marxista. Pues en el famoso capitulo sobre la «acumulación primitiva del capital», Marx se ocupa en su ópera magna de períodos que se remontan a siglos antes de la máquina de vapor. ¿No será esto una autorrefutación del «materialismo histórico"? Si la «acumulación primitiva» y la máquina de vapor se hallan tan alejadas desde el punto de vista histórico, las fuerzas productivas de la industria no podrían haber sido la causa decisiva del nacimiento del capitalismo moderno. Es verdad que el modo de producción capitalista sólo se impuso en definitiva con la industrialización del siglo XIX, pero, si buscamos las raíces del desarrollo, tenemos que cavar más hondo.También es lógico que el primer germen de la modernidad, o el «big bang» de su dinámica, tuviese que surgir de un medio en buena parte aún premoderno, pues de otro modo no podría ser un «origen» en el sentido riguroso de la palabra. As!, la «primera causa» muy precoz y la «consolidación plena» muy tardía no representan una contradicción. Si también es verdad que para muchas regiones del mundo y para muchos grupos sociales el inicio de la modernización se prolonga hasta el presente, es igualmente cierto que el primerísimo impulso tiene que haber ocurrido en un pasado remoto, si consideramos la enorme extensión temporal (desde la perspectiva de la vida de una generación o incluso de una persona aislada) de los procesos sociales.¿Qué fue finalmente, en un pasado relativamente distante, lo nuevo, que en su secuencia engendró de manera inevitable la historia de la modernización? Se puede conceder plenamente al materialismo histórico que la mayor y principal relevancia no corresponde a un simple cambio de ideas y mentalidades, sino al desarrollo pleno de los hechos materiales concretos. No fue, sin embargo, la fuerza productiva, sino por el contrario una retumbante fuerza destructiva la que abrió el camino a la modernización, a saber, la invención de las armas de fuego. Aunque esta correlación hace mucho tiempo que es conocida, las más celebres y consecuentes teorías de la modernización (incluido el marxismo) la subestimaron siempre.Fue el historiador de la economía alemán Werner Sombart quien de forma aguda, poco antes de la Primera Guerra Mundial, en su estudio «Guerra y Capitalismo» (1913), abordó minuciosamente esta cuestión, Sólo en los últimos años los orígenes técnico‑armamentístas y bélico‑económicos del capitalismo han vuelto a estar en el orden del día, como por ejemplo en el libro «Cañones y peste» (1989), del economista alemán Karl Georg Zinn, o en el trabajo «La Revolución militar» (1990), del historiador norteamericano Geoffrey Parker. Pero tampoco estas investigaciones encontraron la repercusión que merecían. Como es evidente, el mundo occidental moderno y sus ideólogos sólo a regañadientes aceptan la visión de que el fundamento histórico último de su sagrado concepto de «libertad» y «progreso» debe ser encontrado en la invención del diabólico instrumento mortal de la historia humana. Y esta relación también vale para la democracia moderna, pues la «revolución militar» permanece hasta hoy como un motivo secreto de la modernización. La propia bomba atómica fue una invención democrática de Occidente.La innovación de las armas de fuego destruyó las formas de dominación precapitalistas, ya que volvió militarmente ridícula la caballería feudal. Ya antes M invento de las armas de fuego se presentía la consecuencia social de las armas de alcance, pues el Segundo Concilio de Letrán prohibió en el año 1139 el uso de las ballestas (*) contra los cristianos. No por azar, la ballesta importada de culturas no europeas a Europa hacia el año 1000 era considerada como el arma especifica de los salteadores, los fuera de la ley y los rebeldes. Cuando entraron en vigor las armas de cañón, mucho más eficaces, quedó sellado el destino de los ejércitos a caballo y envueltos en armaduras.Sin embargo, el arma de fuego ya no estaba en manos de una oposición «de abajo» que hacía frente al dominio feudal, sino que llevaba más bien a una revolución «de arriba» con la ayuda de príncipes y reyes. Pues la producción y movilización de los nuevos sistemas de armas no eran posibles en el plano de estructuras locales y descentralizadas, de la forma como hasta entonces habían marcado la reproducción social, sino que exigían una organización completamente nueva de la sociedad, en diversos planos. Las armas de fuego, sobre todo los grandes cañones, ya no podían ser producidas en pequeños talleres, como las armas blancas o las de propulsión. Por eso se desarrolló una industria de armamentos especifica, que producía cañones y mosquetes en grandes fábricas. Al mismo tiempo, surgió una nueva arquitectura militar de defensa, en la forma de fortalezas gigantescas que tenían que resistir los cañonazos. Se llegó a una disputa innovadora entre armas ofensivas y defensivas y a una carrera armamentista entre los Estados, que persiste hasta hoy.Por obra de las armas de fuego, se modificó profundamente la estructura de los ejércitos. Los beligerantes ya no podían equiparse por sí mismos y tenían que ser abastecidos de armas por un poder social centralizado. Por eso la organización militar de la sociedad se separó de la civil. En lugar de los ciudadanos movilizados en cada caso para las campañas o de los señores locales con sus familias armadas, surgieron los «ejércitos permanentes»: nacieron las «fuerzas armadas» como grupo social especifico, y el ejército se convirtió en un cuerpo extraño dentro de la sociedad. El oficialato se transformó de un deber personal de los ciudadanos ricos en una « profesión» moderna. A la par de esta nueva organización militar y de las nuevas técnicas bélicas, también el contingente de los ejércitos creció vertiginosamente. «Las tropas armadas, entre 1500 y 1700, casi se decuplicaron» (Geoffrey Parker).Industria armamentista, carrera armamentista y mantenimiento de los ejércitos permanentemente organizados, divorciados de la sociedad civil y al mismo tiempo con un fuerte crecimiento, llevaron necesariamente a una subversión radical de la economía. El gran complejo militar desvinculado de la sociedad exigía una «permanente economía de guerra». Esta nueva economía de la muerte se extendió como una mortaja sobre las estructuras agradas de las antiguas sociedades.Como los armamentos y el ejército ya no podían ampararse en la reproducción agrada local sino que tenían que ser abastecidos con recursos de envergadura y dentro de relaciones anónimas, pasaron a depender de la mediación del dinero. la producción de mercancías y la economía monetaria como elementos básicos del capitalismo ganaron impulso en el inicio de la era moderna, por medio de la liberación de la economía militar y armamentista.Este desarrollo produjo y favoreció la subjetividad capitalista y su mentalidad del «hacer‑‑‑más» abstracto. La permanente carencia financiera de la economía de guerra condujo, en la sociedad civil, al aumento de los capitalistas usureros y comerciales, de los grandes ahorradores y de los financiadores de guerra. Pero también la nueva organización del propio ejército creó la mentalidad capitalista.Los antiguos beligerantes agrarios se transformaron en «soldados», o sea, en personas que reciben el «soldo». Ellos fueron los primeros «asalariados» modernos que tenían que reproducir su vida exclusivamente por la renta monetaria y por el consumo de mercancías. Y por eso ya no lucharon más por motivos idealistas sino solamente por dinero. Les era indiferente a quién matar, pues lo que «interesaba» era el soldo; de este modo se convirtieron en los primeros representantes del «trabajo abstracto» (Marx) dentro del moderno sistema productor de mercancías.A los jefes y comandantes de los «soldados» les interesaba reunir recursos por medio de los botines y convertirlos en dinero. Por tanto, la renta de los botines tenía que ser mayor que los costos de la guerra. He aquí el origen de la racionalidad empresarial moderna. La mayoría de los generales y comandantes del ejército de los comienzos de la era moderna invertían con ganancia el producto de sus botines y se convertían en socios del capital monetario y comercial.No fueron por tanto el pacífico vendedor, el diligente ahorrista y el productor lleno de ideas los que marcaron el inicio M capitalismo, sino todo lo contrario.‑ M mismo modo que los «soldados», como artesanos sanguinarios M arma de fuego, fueron los prototipos M asalariado moderno, así también los comandantes de ejército y condottieri «multiplicadores de dinero» fueron los prototipos W empresariado moderno y de su «disposición al riesgo».Como libres empresarios de la muerte, los «condottieri» dependían, no obstante, de las grandes guerras de los poderes estatales centralizados y de su capacidad de financiación. La relación moderna de reciprocidad entre mercado y Estado tiene aquí su origen. Para poder financiar las industrias de armamentos y las fortalezas, los gigantescos ejércitos y la guerra, los Estados tenían que arrancar hasta la sangre de sus poblaciones, y esto, en correspondencia con la materia, de una manera igualmente nueva: en lugar de los antiguos impuestos‑en especie, la tributación monetaria. Las personas fueron así obligadas a «ganar dinero» para poder pagar sus impuestos al Estado. De este modo, la economía de guerra forzó no sólo de forma directa, sino también indirecta, el sistema de la economía de mercado. Entre los siglos XVI y XVIII, la tributación M pueblo en los países europeos creció hasta un 2.000%,Obviamente, las personas no se dejaron introducir de manera voluntaria en la nueva economía monetaria y armamentista. Sólo se las pudo obligar por medio de una sangrienta opresión. La permanente economía de guerra de las armas de fuego dio lugar durante siglos a la permanente insurrección popular y, siguiendo su huella, a la guerra permanente. Afín de poder arrancar los monstruosos tributos, los poderes centralizados estatales tuvieron que construir un aparato monstruoso de policía y administración. Todos los aparatos estatales modernos proceden de esta historia del comienzo de la era moderna. La autoadmínistración local fue sustituida por la administración centralizada y jerárquica, a cargo de una burocracia cuyo núcleo se formó con el respaldo de la tributación y la opresión interna.Las propias conquistas positivas de la modernización siempre llevaron consigo el estigma de esos orígenes. La industrialización del siglo XIX, tanto en el aspecto tecnológico como en el histórico de las organizaciones y de las mentalidades, fue heredera de las armas de fuego, de la producción de armamentos de los inicios de. La modernidad y del proceso social que la siguió. En este sentido, no es de asombrar que el vertiginoso desarrollo capitalista de las fuerzas productivas desde la Primera Revolución Industrial sólo pudíese ocurrir de forma destructiva, a pesar de las innovaciones técnicas aparentemente inocentes.La moderna democracia de Occidente es incapaz de ocultar el hecho de que es heredera da la dictadura militar y armamentista del inicio de la modernidad ‑y ello no sólo en la esfera tecnológica, sino también en su estructura social. Bajo la delgada superficie de los rituales de votación y de los discursos políticos, encontramos el monstruo de un aparato que administra y disciplina de manera continua al ciudadano aparentemente libre del Estado en nombre de la economía monetaria total y de la economía de guerra a ella vinculada hasta hoy. En ninguna sociedad de la historia hubo un porcentaje tan grande de funcionados públicos y de administradores de recursos humanos, soldados y policías; ninguna despilfarró una parte tan grande de sus recursos en armamentos y ejércitos.Las dictaduras burocráticas de la «modernización tardía» en el este y en el sur, con sus aparatos centralizadores, no fueron las antípodas, sino los imitadores de la economía de guerra de la historia occidental, sin, con todo, poder alcanzarlas. Al fin de cuentas, las sociedades más burocratizadas y militarizadas son, desde el punto de Vista estructural, las sociedades occidentales. También el neoliberalismo es un hijo extemporáneo de los cañones, como demostraron el gigantesco armamentismo de la «Reaganomics» y la historia de los años 90. La economía de la muerte permanecerá como el inquietante legado de la sociedad moderna fundada en la economía de mercado hasta que el capitalismo‑kamikaze se destruya a sí mismo.[*] Nota del Traductor: « La invención de este arma se remonta al s. IX, y surgió como respuesta a la necesidad de imprimir mayor fuerza a las flechas, cuando las tropas de a pie adoptaron la cota de malla. Con la ballesta era posible lanzar la flecha con ten poderoso impulso que el proyectil atravesaba cotas de malla y cascos de acero. El uso de la ballesta se generalizó en Europa después de las Cruzadas, y se convirtió en arma habitual de todos los ejércitos desde el s. XII al XVI. Fue desplazada por las armas de fuego. » (Diccionario Enciclopédico ilustrado Plaza y Janés, 1982).

ROBERT KURZ

Existen innumerables versiones del nacimiento de la era moderna. Ni siquiera en cuanto a la fecha los historiadores se ponen de acuerdo. Unos hacen que la modernidad dé comienzo en los siglos XV y XVI, con el llamado Renacimiento (un concepto que sólo fue inventado en el siglo XIX por Jules Michelet, como ha demostrado el historiador francés Lucien Lefevre). Otros ven la verdadera ruptura, el despegue de la modernidad en el siglo XVIII, cuando la filosofía de la Ilustración, la Revolución Francesa y los comienzos de la industrialización sacudieron el planeta. Pero cualquiera que sea la fecha preferida por los historiadores y los filósofos modernos para el nacimiento de su propio mundo, en una cosa concuerdan: casi siempre las conquistas positivas son tomadas como los impulsos originales,

Se consideran como razones prominentes para el ascenso de la modernidad tanto las innovaciones artísticas y científicas de¡ Renacimiento italiano como los grandes viajes de descubrimiento a partir de Colón, la idea protestante y calvinista de la responsabilidad específica de¡ individuo, la liberación ilustrada de las creencias irracionales y el surgimiento de la democracia moderna en Francia y Estados Unidos. En el ámbito técnico‑industrial, también se recuerda la invención de la máquina de vapor y del telar mecánico como «tiro de largada» del desarrollo social moderno.

Esta última explicación fue subrayada sobre todo por el marxismo, por el hecho de que está en armonía con la doctrina filosófica del «materialismo histórico». El verdadero motor de la historia, afirma esta doctrina, es el desarrollo de las «fuerzas productivas» materiales, que repetidamente entran en conflicto con las «relaciones de producción» tomadas demasiado estrechas y obligan a una nueva forma de sociedad. Por eso, el salto hacia la industrialización es el punto decisivo para el marxismo: la máquina de vapor, así dice la fórmula simplificada, habría sido la primera en romper las «corrientes de las antiguas relaciones feudales de producción». Aquí salta a la vista una contradicción clamorosa en el argumento marxista. Pues en el famoso capitulo sobre la «acumulación primitiva del capital», Marx se ocupa en su ópera magna de períodos que se remontan a siglos antes de la máquina de vapor. ¿No será esto una autorrefutación del «materialismo histórico"? Si la «acumulación primitiva» y la máquina de vapor se hallan tan alejadas desde el punto de vista histórico, las fuerzas productivas de la industria no podrían haber sido la causa decisiva del nacimiento del capitalismo moderno. Es verdad que el modo de producción capitalista sólo se impuso en definitiva con la industrialización del siglo XIX, pero, si buscamos las raíces del desarrollo, tenemos que cavar más hondo.

También es lógico que el primer germen de la modernidad, o el «big bang» de su dinámica, tuviese que surgir de un medio en buena parte aún premoderno, pues de otro modo no podría ser un «origen» en el sentido riguroso de la palabra. As!, la «primera causa» muy precoz y la «consolidación plena» muy tardía no representan una contradicción. Si también es verdad que para muchas regiones del mundo y para muchos grupos sociales el inicio de la modernización se prolonga hasta el presente, es igualmente cierto que el primerísimo impulso tiene que haber ocurrido en un pasado remoto, si consideramos la enorme extensión temporal (desde la perspectiva de la vida de una generación o incluso de una persona aislada) de los procesos sociales.

¿Qué fue finalmente, en un pasado relativamente distante, lo nuevo, que en su secuencia engendró de manera inevitable la historia de la modernización? Se puede conceder plenamente al materialismo histórico que la mayor y principal relevancia no corresponde a un simple cambio de ideas y mentalidades, sino al desarrollo pleno de los hechos materiales concretos. No fue, sin embargo, la fuerza productiva, sino por el contrario una retumbante fuerza destructiva la que abrió el camino a la modernización, a saber, la invención de las armas de fuego. Aunque esta correlación hace mucho tiempo que es conocida, las más celebres y consecuentes teorías de la modernización (incluido el marxismo) la subestimaron siempre.

Fue el historiador de la economía alemán Werner Sombart quien de forma aguda, poco antes de la Primera Guerra Mundial, en su estudio «Guerra y Capitalismo» (1913), abordó minuciosamente esta cuestión, Sólo en los últimos años los orígenes técnico‑armamentístas y bélico‑económicos del capitalismo han vuelto a estar en el orden del día, como por ejemplo en el libro «Cañones y peste» (1989), del economista alemán Karl Georg Zinn, o en el trabajo «La Revolución militar» (1990), del historiador norteamericano Geoffrey Parker. Pero tampoco estas investigaciones encontraron la repercusión que merecían. Como es evidente, el mundo occidental moderno y sus ideólogos sólo a regañadientes aceptan la visión de que el fundamento histórico último de su sagrado concepto de «libertad» y «progreso» debe ser encontrado en la invención del diabólico instrumento mortal de la historia humana. Y esta relación también vale para la democracia moderna, pues la «revolución militar» permanece hasta hoy como un motivo secreto de la modernización. La propia bomba atómica fue una invención democrática de Occidente.


La innovación de las armas de fuego destruyó las formas de dominación precapitalistas, ya que volvió militarmente ridícula la caballería feudal. Ya antes M invento de las armas de fuego se presentía la consecuencia social de las armas de alcance, pues el Segundo Concilio de Letrán prohibió en el año 1139 el uso de las ballestas (*) contra los cristianos. No por azar, la ballesta importada de culturas no europeas a Europa hacia el año 1000 era considerada como el arma especifica de los salteadores, los fuera de la ley y los rebeldes. Cuando entraron en vigor las armas de cañón, mucho más eficaces, quedó sellado el destino de los ejércitos a caballo y envueltos en armaduras.

Sin embargo, el arma de fuego ya no estaba en manos de una oposición «de abajo» que hacía frente al dominio feudal, sino que llevaba más bien a una revolución «de arriba» con la ayuda de príncipes y reyes. Pues la producción y movilización de los nuevos sistemas de armas no eran posibles en el plano de estructuras locales y descentralizadas, de la forma como hasta entonces habían marcado la reproducción social, sino que exigían una organización completamente nueva de la sociedad, en diversos planos. Las armas de fuego, sobre todo los grandes cañones, ya no podían ser producidas en pequeños talleres, como las armas blancas o las de propulsión. Por eso se desarrolló una industria de armamentos especifica, que producía cañones y mosquetes en grandes fábricas. Al mismo tiempo, surgió una nueva arquitectura militar de defensa, en la forma de fortalezas gigantescas que tenían que resistir los cañonazos. Se llegó a una disputa innovadora entre armas ofensivas y defensivas y a una carrera armamentista entre los Estados, que persiste hasta hoy.

Por obra de las armas de fuego, se modificó profundamente la estructura de los ejércitos. Los beligerantes ya no podían equiparse por sí mismos y tenían que ser abastecidos de armas por un poder social centralizado. Por eso la organización militar de la sociedad se separó de la civil. En lugar de los ciudadanos movilizados en cada caso para las campañas o de los señores locales con sus familias armadas, surgieron los «ejércitos permanentes»: nacieron las «fuerzas armadas» como grupo social especifico, y el ejército se convirtió en un cuerpo extraño dentro de la sociedad. El oficialato se transformó de un deber personal de los ciudadanos ricos en una « profesión» moderna. A la par de esta nueva organización militar y de las nuevas técnicas bélicas, también el contingente de los ejércitos creció vertiginosamente. «Las tropas armadas, entre 1500 y 1700, casi se decuplicaron» (Geoffrey Parker).

Industria armamentista, carrera armamentista y mantenimiento de los ejércitos permanentemente organizados, divorciados de la sociedad civil y al mismo tiempo con un fuerte crecimiento, llevaron necesariamente a una subversión radical de la economía. El gran complejo militar desvinculado de la sociedad exigía una «permanente economía de guerra». Esta nueva economía de la muerte se extendió como una mortaja sobre las estructuras agradas de las antiguas sociedades.

Como los armamentos y el ejército ya no podían ampararse en la reproducción agrada local sino que tenían que ser abastecidos con recursos de envergadura y dentro de relaciones anónimas, pasaron a depender de la mediación del dinero. la producción de mercancías y la economía monetaria como elementos básicos del capitalismo ganaron impulso en el inicio de la era moderna, por medio de la liberación de la economía militar y armamentista.

Este desarrollo produjo y favoreció la subjetividad capitalista y su mentalidad del «hacer‑‑‑más» abstracto. La permanente carencia financiera de la economía de guerra condujo, en la sociedad civil, al aumento de los capitalistas usureros y comerciales, de los grandes ahorradores y de los financiadores de guerra. Pero también la nueva organización del propio ejército creó la mentalidad capitalista.

Los antiguos beligerantes agrarios se transformaron en «soldados», o sea, en personas que reciben el «soldo». Ellos fueron los primeros «asalariados» modernos que tenían que reproducir su vida exclusivamente por la renta monetaria y por el consumo de mercancías. Y por eso ya no lucharon más por motivos idealistas sino solamente por dinero. Les era indiferente a quién matar, pues lo que «interesaba» era el soldo; de este modo se convirtieron en los primeros representantes del «trabajo abstracto» (Marx) dentro del moderno sistema productor de mercancías.

A los jefes y comandantes de los «soldados» les interesaba reunir recursos por medio de los botines y convertirlos en dinero. Por tanto, la renta de los botines tenía que ser mayor que los costos de la guerra. He aquí el origen de la racionalidad empresarial moderna. La mayoría de los generales y comandantes del ejército de los comienzos de la era moderna invertían con ganancia el producto de sus botines y se convertían en socios del capital monetario y comercial.

No fueron por tanto el pacífico vendedor, el diligente ahorrista y el productor lleno de ideas los que marcaron el inicio M capitalismo, sino todo lo contrario.‑ M mismo modo que los «soldados», como artesanos sanguinarios M arma de fuego, fueron los prototipos M asalariado moderno, así también los comandantes de ejército y condottieri «multiplicadores de dinero» fueron los prototipos W empresariado moderno y de su «disposición al riesgo».

Como libres empresarios de la muerte, los «condottieri» dependían, no obstante, de las grandes guerras de los poderes estatales centralizados y de su capacidad de financiación. La relación moderna de reciprocidad entre mercado y Estado tiene aquí su origen. Para poder financiar las industrias de armamentos y las fortalezas, los gigantescos ejércitos y la guerra, los Estados tenían que arrancar hasta la sangre de sus poblaciones, y esto, en correspondencia con la materia, de una manera igualmente nueva: en lugar de los antiguos impuestos‑en especie, la tributación monetaria. Las personas fueron así obligadas a «ganar dinero» para poder pagar sus impuestos al Estado. De este modo, la economía de guerra forzó no sólo de forma directa, sino también indirecta, el sistema de la economía de mercado. Entre los siglos XVI y XVIII, la tributación M pueblo en los países europeos creció hasta un 2.000%,

Obviamente, las personas no se dejaron introducir de manera voluntaria en la nueva economía monetaria y armamentista. Sólo se las pudo obligar por medio de una sangrienta opresión. La permanente economía de guerra de las armas de fuego dio lugar durante siglos a la permanente insurrección popular y, siguiendo su huella, a la guerra permanente. Afín de poder arrancar los monstruosos tributos, los poderes centralizados estatales tuvieron que construir un aparato monstruoso de policía y administración. Todos los aparatos estatales modernos proceden de esta historia del comienzo de la era moderna. La autoadmínistración local fue sustituida por la administración centralizada y jerárquica, a cargo de una burocracia cuyo núcleo se formó con el respaldo de la tributación y la opresión interna.

Las propias conquistas positivas de la modernización siempre llevaron consigo el estigma de esos orígenes. La industrialización del siglo XIX, tanto en el aspecto tecnológico como en el histórico de las organizaciones y de las mentalidades, fue heredera de las armas de fuego, de la producción de armamentos de los inicios de. La modernidad y del proceso social que la siguió. En este sentido, no es de asombrar que el vertiginoso desarrollo capitalista de las fuerzas productivas desde la Primera Revolución Industrial sólo pudíese ocurrir de forma destructiva, a pesar de las innovaciones técnicas aparentemente inocentes.

La moderna democracia de Occidente es incapaz de ocultar el hecho de que es heredera da la dictadura militar y armamentista del inicio de la modernidad ‑y ello no sólo en la esfera tecnológica, sino también en su estructura social. Bajo la delgada superficie de los rituales de votación y de los discursos políticos, encontramos el monstruo de un aparato que administra y disciplina de manera continua al ciudadano aparentemente libre del Estado en nombre de la economía monetaria total y de la economía de guerra a ella vinculada hasta hoy. En ninguna sociedad de la historia hubo un porcentaje tan grande de funcionados públicos y de administradores de recursos humanos, soldados y policías; ninguna despilfarró una parte tan grande de sus recursos en armamentos y ejércitos.

Las dictaduras burocráticas de la «modernización tardía» en el este y en el sur, con sus aparatos centralizadores, no fueron las antípodas, sino los imitadores de la economía de guerra de la historia occidental, sin, con todo, poder alcanzarlas. Al fin de cuentas, las sociedades más burocratizadas y militarizadas son, desde el punto de Vista estructural, las sociedades occidentales. También el neoliberalismo es un hijo extemporáneo de los cañones, como demostraron el gigantesco armamentismo de la «Reaganomics» y la historia de los años 90. La economía de la muerte permanecerá como el inquietante legado de la sociedad moderna fundada en la economía de mercado hasta que el capitalismo‑kamikaze se destruya a sí mismo.

[*] Nota del Traductor: « La invención de este arma se remonta al s. IX, y surgió como respuesta a la necesidad de imprimir mayor fuerza a las flechas, cuando las tropas de a pie adoptaron la cota de malla. Con la ballesta era posible lanzar la flecha con ten poderoso impulso que el proyectil atravesaba cotas de malla y cascos de acero. El uso de la ballesta se generalizó en Europa después de las Cruzadas, y se convirtió en arma habitual de todos los ejércitos desde el s. XII al XVI. Fue desplazada por las armas de fuego. » (Diccionario Enciclopédico ilustrado Plaza y Janés, 1982).

TARDE EN LA PLAYA

Salimos del sanatorio a la playa a fumarnos unos pitillos hacía calor y nos estábamos recuperando de la horrible sesión doble de apomorfina (sin marihuana hubiera sido peor aún) conversando de cómo nos sentimos en el cuarto, terminando de fumar le digo a mi amigo
- ¿Me quieres masturbar?
- Sí.
Él estaba sentado en una piedra dándome la espalda y yo mas abajo apoyada en la pared, levanto mi falda y separo mis piernas, tomo su antebrazo y lo guío hacia mi coño , retiro mi mano y enciendo un cigarrillo, aspiro y exhalo…
- eh…más adentro y curva tus dedos, lo tengo que guiar para que se atreva a penetrar en esa cavidad húmeda y calida mmm. más adentro, otro dedo, Oh si así, me relajo y fumo ora agitada ora calmada, me curvo de lado para lamer su pantorrilla y con mi mano acaricio su culo mmm ojala me deje penetrarlo… no…no resulto mi técnica, tendré que conformarme con acariciarlo solamente…
- Viene gente...
- OH sí tienes razón, me acomodo prendo otro cigarrillo- ¿Vamos?- Sí.
Nos fuimos caminando por la costanera.

FESSEPINTE

A los 27 años cuando ya debía ser devota, soy aún la más libertina de las mujeres… no tienes idea de lo que he llegado a concebir amigo/a mío/a de lo que quisiera hacer.

-Entonces sácate el ojo de vidrio, esta noche te lo devuelvo.
-Haré el sacrificio, si tú me lo pides. Pero dime ¿qué hago con un sólo ojo?
-Me veras media loca.

La letrina se llena del dulce olor a nueces de machos jóvenes en celo.
Sintiendo la delicia punzante del vello púbico rozar mi vagina rasurada.

-Estaba jodiendóme al individuo aquel y pienso:” por fin un cabrito normal, pero empieza a correrse y se convierte en una especie de cangrejo espantoso… le dije: “mira tú, no tengo porque aguantarte el numerito este… puedes ir a montarlo aun cabaret de locos”
Yo me enamoro de un hombre únicamente cuando estoy segura de dos cosas: ser inimitable en hacerlo feliz y en hacerlo sufrir.
El sexo podría ser así como una especie de conversación física normal entre una mujer y un hombre.
-Si se tiene esa emoción o simpatía idónea con un hombre hay que acostarse con el-, es lo único decente, irse a la cama con él.

OH! dulce cómo el licor vaginal.

De ellos he heredado la idolatría y el amor por el sacrilegio-¡OH! Todos los vicios cólera, lujuria-magnifica la lujuria-sobre todo mentira e indolencia.

Aquel cachón para no darme un céntimo me pidió adivinara cual de sus ojos era de cristal. Pensaba ponerme así en una situación difícil.
-¿Qué hiciste tú?
- le mire fijamente y luego, señalando su ojo izquierdo le dije que aquel era de cristal.” En efecto ese es ¿cómo lo adivino, señora?”
Entonces le conteste algo que le puso tan furioso que me prohibió volver a aparecer por su casa nunca más.
- Que le había reconocido el ojo de cristal por que en él ví brillar un rasgo de humanidad y como el carecía de ello, sólo podía aparecer en algo tan inanimado como en un ojo de cristal.

El espectáculo no es un conjunto de imágenes, sino una relación de social entre personas mediatizadas a través de imágenes.
Justamente los oprimidos sin nombre han utilizado a menudo nombres múltiples. 1514 los campesinos del sur de Alemania se lanzaron al campo de batalla bajo el nombre de “der arme konraá” (el pobre conrado).

¡Vengan pues los alegres incendiarios de dedos carbonizados! ¡Aquí están! ¡Aquí están!... ¡Vamos! ¡Prended fuego a los estantes de las bibliotecas! ¡Desviad el curso de los canales para inundar los museos!... ¡Oh qué alegría ver flotar a la deriva desgarradas y destelladas en las aguas, las viejas telas gloriosas!... ¡Empuñad los picos, las hachas los martillos, y destruid, destruid sin piedad las ciudades veneradas!

El anonimato es un instrumento de trabajo nuevo a disposición de aquellos que pensamos en el logro de la revolución mundial como una obligación vital.

Sophie tuvo relaciones íntimas con una botella de champaña vacía, juró que quedo en cinta y termino simulando un parto encima de la mesa.
…la tierna primavera que resplandece en tus labios tentadores revela tu poca madurez, pero estas bien hecho para ser gustado.
Regulador de la menstruación 2 cucharadas de hojas y flores de ruda en una taza de agua hirviendo 2 veces por día, Microdosis 4 después de la relación sexual sin protección hasta 72 horas y 4 más después de doce horas de la primera dosis, a la semana se presenta la menstruación.

Aquellos que restringen el deseo, lo hacen porque lo suyo es lo suficientemente débil para ser restringido y el elemento destructor o razón usurpa su lugar y gobierna lo renuante.
En su sentido afirmativo el “progreso” es una concepción vacía que ofrece a las mujeres y hombres la compensación ilusoria de una venganza futura para las humillaciones que sufrimos a diario.
No solo los pecados carnales no son castigados en el otro mundo, si no que se castiga acá en cambio. Otra culpa gravísima, la de las mujeres que se resisten a los abrazos del hombre enamorado sustraerse al adulterio y la fornicación ves un delito digno de penas horribles una infamia que clama venganza.

La cultura de resistencia debe colocar la liberación intelectual como esencia generadora de conciencia fundamental de la necesidad de revolución social.
Si quieres una visión del futuro imagínate el presente ampliado indefinidamente.
No soy codiciosa ni avara con lo que amo, pues lo que ampo no es mío, me lo dio la vida y ala vida tendrá que volver limpio ennoblecido. Para lo que amé sea amado por sus futuros amantes.

El egoísmo destruye el amor, igual al amante que a lo amado, sólo la libertad da el justo valor del amor no su precio. El amor desprecia ser poseído y huye de quién lo tomo como dueño el fin del amor es darse, mas nunca ser tomado. Su única razón de ser es ser en otro ser, libremente.

Caín: ¿quién eres?
Luzbel: Uno que quiso ser el que te hubiera creado y no te hubiera hecho lo que eres.

Yo, pecadores, no bebo sin sed, ya que sino la tengo al presente la tendré en el futuro: de este modo la prevengo, como les será fácil comprender bebo por la sed venidera. Yo bebo eternamente: para mi la eternidad es beber y el beber eternidad.
¡OH, con mucho gusto! Tratándose de libertinaje jamás me encontraréis en falta: ahora es mi único dios, la única regla para mi conducta, la base de todas mis acciones.

BEBEDOR/A INSACIABLE

OTRO HOMENAJE A SADE

Salimos del bar cerca de las 3 de la mañana, estábamos borrachos y excitados, besándonos y acariciándonos mientras caminábamos a casa pasamos frente a la iglesia nos miramos y nos dirigimos al lugar de las limosnas, un receptáculo cúbico de vidrio en la parte superior con la imagen de la virgen, apoye mis manos en el lugar donde se unen el vidrio y el cemento mirándola mientras mi acompañante bajaba mis pantalones e introducía uno de sus dedos en mi culo, mis tetas estaban erectas esperando también ser acariciadas, mi boca se entreabrió en un gesto de dolor placentero al sentir que otro dedo pasaba a acompañar a su hermano.
-Espera, déjame besártela-dije-antes de que me penetres.
Por respuesta obtuve una verga grande y dura esperándome, me agacho y empiezo a besarlo, lamerlo, morderlo, encajo mi rostro en su entrepierna, debo lubricarlo para el placer más grande de todos, en un gesto de pasión aprieta mi rostro con fuerza hacia él y se lo agradezco, pienso en pedirle que acabe en mi boca pero desisto cuando agarra una de mis tetas y me levanta para la acción, le doy la espalda, levanto mi culo lista para que me sodomise, introduce su pene en mi ojo y gimo con fuerza, agarra mi pelo y lo tira hacia atrás, siento su boca cerca de mi oído y lo escucho…
-Mírala -dice
Y no dejo de hacerlo mientras nuestros cuerpos en éxtasis se revuelcan de placer, toma mis manos y las utiliza de palanca para calar más hondo en mí… siento que viene con la furia de luzbel
-Vacíala toda en mi- digo, (conozco el efecto de mis palabras en él) - que no se desperdicie nada-grito
No dejo de mirarla, su rostro de piedad no hace más que calentarme, pienso en mi cuerpo húmedo retozando en su gélido rostro, masturbarme en el, mezclar mi eyaculación con la de mi acompañante cubrirla con ambos elixires sabrosos mientras repito AVE MARIA JODISIMA LLENATE DE ESTAS GRACIAS, MALDÍCEME AHORA Y EN LA HORA DE MI EXTRAVÍO, AMÉN!.

Débora Montes de Venus y Peaks

Aroma vaginal

Debo confesar que me gusta considerablemente mi aroma vaginal, puedo reconocer los días en que se me destruirá mi óvulo no fecundado, en esos días previos mi fragancia tiende a adquirir un olor fuerte parecido al amoniaco.
Es una mezcla de flores y frutas que me satisface enormemente, puedo pasar horas oliendo mis dedos o mis bragas; prefiero al dedicarme al placer olfativo escuchar música, de preferencia Morphine ,no sabes lo satisfactorio el tener ese aroma y esa música OH…, cierro mis ojos y exhalo profundamente y mi piel se eriza, mi clítoris se agranda, mis pezones cosquillean , la nuca me queda sensible a las caricias, oliendo mi cuerpo se vuelve extremadamente perceptivo al roce, inhalar…exhalar… inhalar… exhalar… inhalar, exhalar, inhalar, exhalar…
Después de satisfacer mi placer olfativo, doy paso al placer degustativo con la punta de la lengua pruebo ese delicioso elixir dulce y picante a la vez lo saboreo y lo saboreo, nunca me canso de ello, me excito y otros fluidos mas líquidos caen, también los recojo, los huelo y los pruebo con voracidad que delicia, me masturbo con una mano acaricio mi clítoris y con la otra introduzco un par de dedos y los curvo para encontrar ese punto de goce, lo encuentro y con mis otros dedos aprieto con fuerza esa lengüita gozadora mucho rato OH el placer y el dolor juntos ay me desvanezco…

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